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sábado, 17 de junio de 2017

Crisis en 2018. El informe del HSBC (2ª parte)




En la entrada anterior ponía un resumen del informe del HSBC alineándose con las hipótesis colapsistas sobre lo que está por venir en el mercado energético global. En esta entrada continúo con el resumen del informe.

Informe HSBC crisis en 2018



¿Por qué decimos ahora que la oferta disminuye?

La debilidad de los precios del crudo en los últimos dos años resultará en que, la capacidad de producción comenzará a caer. Al principio sólo un 1% de la demanda. Las interrupciones del suministro tuvieron un impacto limitado en 2015-16 debido a la sobreoferta global, pero el mercado será mucho más susceptible a Interrupciones después de 2017. Además, dada la caída casi sin precedentes de las inversiones de la industria extractiva petrolífera desde 2014, esperamos que el suministro caiga de forma más acusada.

Lo que diferencia el petróleo de otras materias primas, es la disminución natural de la producción del petróleo y gas después de un período de meseta. Si bien el suministro global de líquidos ha crecido en más de 10 mbd en los últimos diez años, el crecimiento de la producción se ha debido principalmente a estos factores:

1) el crudo de la OPEP (principalmente Arabia Saudita e Irak),
2) Nuevos desarrollos de petróleo convencional  (~ 5 mbd),
3) Líquidos de gas natural (LGN,> 3,5 mbd) y biocombustibles (~ 1,5 mbd).

De hecho, El suministro convencional de crudo no OPEP no ha mostrado crecimiento neto ya que los nuevas desarrollos se han visto compensados por la disminución de la producción existente. Varios factores apuntan hacia el riesgo de que estas caídas se aceleren en los próximos años:
 Aumento de los descensos en el tiempo debido a una combinación de:
a) La inevitable maduración de los campos antiguos, donde las disminuciones de producción han sido mitigadas hasta ahora gracias a la tecnología.
b) Nuevos campos cada vez más pequeños: la mezcla de producción mundial está cambiando estructuralmente y depende cada vez más de pequeños campos. Es probable que los campos pequeños disminuyan más rápido ya que su tamaño limitado no permite largos periodos de producción.
 c) Los descubrimientos apuntan a que esta tendencia continúa: el tamaño medio de los descubrimientos nuevos lleva décadas en descenso. El año pasado alcanzó un mínimo récord de 24 mbd, una pequeña fracción del tamaño medio de los nuevos campos que se descubrían  en la década de 1960.
d) Unas tasas de declinación de 5-7%  se consideran razonables. Esto representa alrededor de 3-4,5 mbd de producción perdida cada año. Lo que supone mucho más que las interrupciones debidas a imprevistos de la producción de cualquier año dado.

¿Mejora la eficiencia dando una falsa sensación de seguridad?

La mejora de la eficiencia en la perforación ha sido un factor importante por encima de lo esperado en muchas regiones durante 2015-16, y varias petroleras han destacado cómo este hecho, ha mitigado sus tasas de disminución. Sin embargo, debemos asumir que después de tales cambios en el rendimiento hay límites a cuánto a una mayor eficiencia de la producción que a su vez puede enmascarar las tasas de disminución subyacentes.

Lo que significa para la oferta global

Como ya se ha apuntado anteriormente, se estima que el 81% de la producción mundial de líquidos ya está en declive. Sin embargo, se asume un 64% como valor más optimista.
Asumiendo tasas de declinación del 5-7% la producción global perdida desde  2016 hasta 2040 asciende a 41-48mbd. Para el contexto, esto supera en más de 4 veces la producción actual de crudo Arabia Saudita 10.5 mbd. Esta sería la cantidad necesaria sólo para mantener el suministro plano, respecto al suministro actual. A fin de proporcionar, además del aumento previsto de la demanda mundial durante el período, El suministro necesario podría estar más cerca de 55-60 mbd.
La nota de investigación de HSBC muestra que contrariamente a las preocupaciones sobre una oferta excesiva de petróleo y una demanda insuficiente, la situación es la opuesta: el suministro mundial de petróleo en los próximos años será insuficiente para mantener una demanda creciente.

La desaparición de los combustibles fósiles

Las predicciones de este informe sobre la oferta y la demanda global de petróleo, pueden o no resultar precisas, pero forman parte de un contexto  más amplio de declive de la energía neta global.
El valor de la energía que se puede producir a partir de los combustibles fósiles mundiales se reduce inexorablemente.

Según el HSBC, los precios del petróleo es probable que suban y se estabilicen durante algún tiempo en torno a los 75 dólares por barril. Pero sigue siendo un precio demasiado alto para evitar desestabilizar la economía. Precios por encima de 60 dólares el barril inducirán una recesión.
El mundo está experimentando unas Tasas de Retorno Energético (TRE) en disminución para todos los combustibles fósiles.
La TRE es el valor total de energía que un recurso puede generar, calculada comparando la cantidad de energía extraída con la cantidad de energía utilizada para conseguir su extracción.
Esto significa que, aunque la producción total de líquidos aumente, como el valor de la energía que esta genera está disminuyendo, simultáneamente los costes totales de extracción están aumentando. Y además su valor para la sociedad es menor. 
Para que lo entendamos: En los años 70 por ejemplo una producción neta de 30 mbd diarios significaba que quedaban disponibles para la sociedad unos 29 mbd diarios o más. Sin embargo ahora, aunque contablemente la producción fuera de 60 mbd, la energía neta para la sociedad puede ser de 45 mbd pues el resto de 15 Mbd se producen para extraer esos  45 mbd de energía neta. De este modo los datos contables han dejado de ser fiables, aunque sean precisos y correctos. Siempre sería más correcto medirlo en MW o GW y no en barriles. Pues podemos caer en el error de contabilizar todo el crudo producido como útil para la sociedad como lo ha sido siempre y olvidarnos de que ahora una buena parte de esa producción, se consume en el propio yacimiento.
Este fenómeno está actuando como un freno al crecimiento económico global. Lo que significa que cuanto más siga la economía siendo dependiente de los combustibles fósiles, más atada estará la economía al impacto recesivo del declive global de la energía neta.
El petróleo convencional mundial llegó a su cénit alrededor del año 2005. Todo el aumento de la oferta siguiente se ha debido a la explotación de petróleo no convencional y, desde 2009, básicamente al petróleo ligero de rocas compactas de los EEUU, que a su vez llegó a su cénit alrededor de marzo de 2015.
La oferta global de petróleo no ha conseguido mantener el ritmo del aumento del consumo total de energía, cuyo crecimiento natural requiere que sea aproximadamente proporcional al aumento de la población, llevando a una disminución de la parte proporcional del petróleo en el mix energético. Otras fuentes han reemplazado progresivamente al petróleo en el mix energético, como el carbón en China. Pero ninguna otra fuente convencional ha demostrado ser un sustituto válido para el petróleo.

Los efectos económicos consistirán en una deslocalización de  las industrias a economías que usen fuentes de energía locales, más baratas y más sucias (como el carbón en China) así como salarios más bajos, una demanda agregada doméstica cada vez más baja, lo que alimenta una espiral de deflación y/o deuda.

Convergencia de crisis

El informe sobre la oferta global de petróleo del HSBC proporciona una confirmación de que, en su mayor parte, la producción global de petróleo está ya en el post-cénit.
El informe dice que después de 2018 esto se va a manifestar no simplemente en un shock global de la oferta, sino en un mundo en el que los combustibles fósiles baratos y de alta calidad serán cada vez más difíciles de encontrar. Un posible escenario, es que para 2018 o poco después, el mundo se enfrentará a una convergencia similar de crisis globales similares a las que sucedieron una década antes.

En 2008, los shocks en el precio del petróleo jugaron un papel clave en la creación de condiciones económicas previas a la crisis, en las que los aumentos de los costes de la vida ayudaron a disparar incumplimientos de deuda en los mercados de la vivienda.

En 2008, o poco después, las crisis económicas y energéticas llevaron a una subida de los alimentos, de cuyos impactos todavía muchos países no se han recuperado completamente.

2018 será probablemente el año de la crisis por otra razón. El 1 de enero de 2018 es la fecha en la que entran en vigor una nueva serie de regulaciones, lo que limitará la capacidad de los bancos para prestar y dará pie a que sólo presten dinero a los mejores clientes, lo que podría acelerar las bancarrotas en todo el mundo. Otras normas obligarán a los bancos a usar sus propias medidas internacionales de evaluación de riesgos para el comercio de derivados.
La introducción de una regulación similar en enero de 2008 creó las condiciones para la caída financiera mundial.
Dos años antes, un experto en finanzas globales, pronosticó que dicha regulación interactuaría con la burbuja de la deuda para provocar un colapso de la burbuja inmobiliaria global.

En algún momento después de enero de 2018 vemos la probabilidad de una nueva crisis en los sistemas energético, económico y alimentario similar a lo que ocurrió en 2008. El crash podría no producirse exactamente en 2018. Podría ser más tarde. O podría dispararse antes.
Lo que está claro es que la economía es muy vulnerable a las crisis financieras por razones de las que los economistas convencionales no hablan: razones relacionadas con el sistema energético del que la economía es básicamente dependiente.


Ahora que deberíamos estar en recuperación, estamos en un periodo de transición en el que se está desvelando la insostenibilidad de las estructuras industriales dominantes. Los ciclos de crisis económica extendida son sintomáticos de un proceso sistémico global más profundo. El siguiente crash es un síntoma de un fallo de sistema global, y por tanto de la inevitable transición a un futuro postcarbono postcapitalista.

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